HALEL
Bereshit
El alma en el relato de la Torá
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19) Vaietzé «Ocultando evidencias»

Labán fue el mayor estafador de su época. Cada vez que tuvo la oportunidad engañó a Iaacóv. A pesar de ello Iaacóv, durante todos los años que vivió y trabajó con Labán fue integro y no se dejó influenciar por su forma idólatra de vida.
Labán representa las culturas que utilizan los valores espirituales para encubrir la debilidad humana degenerando finalmente en egoísmo y el materialismo que por último las destruye.

El actual desafío
En un mundo pagano e idólatra de hace casi 4000 años, en el que cada pueblo poseía sus dioses y por ende una percepción que no le permitía percibir el objetivo de bien que lo unía con el resto de la humanidad, los patriarcas de Israel, basados en Principios Objetivos Universales -la Torá– enseñan la forma en que el ser humano puede superar sus debilidades percibiendo al prójimo como un socio imprescindible para alcanzar la Armonía Universal.
Los conflictos que acompañan al ser humano durante toda la historia nos demuestran que el desafío al cual la Torá nos enfrenta es actual.

Ocultando evidencias
Hace más de 2000 años el Imperio Greco-Romano estaba constituido por una sociedad pagana con un gran afán por la guerra y la dominación de otros pueblos. Para poder lograrlo debían evitar todo sistema educativo que ponga en evidencia las aberraciones que se ocultaban detrás de su «filosofía y espiritualidad».

El ejército, el amor y la familia en la antigua Grecia
De acuerdo a los socráticos un ejército indestructible es aquel conformado por parejas de amantes varoniles. Ese fue el escuadrón destacado de Górgidas, transformado por Pelópidas en el escuadrón sagrado y al que debió Tebas su efímero brillo. Estrabón evoca bien este espíritu. Nos cuenta cómo en Creta el adolescente noble recibía de su amante una verdadera educación que se complementaba con la convivencia en el círculo de amistades. Iban todos al campo, donde vivían dos meses a modo de «luna de miel». A su regreso, el efebo era solemnemente homenajeado y recibía de su amante una armadura. Desde entonces era su escudero y entraba en una especie de orden de caballería, la de los Kleinoi, los Ilustres. Era ahora un «hombre» y ocupaba un lugar distinguido.
El modelo de «pareja y de amor» en su versión más perfecta de acuerdo a los griegos estaba compuesta por dos integrantes del sexo masculino; un varón adulto y uno maduro.

«Modelos educativos»
La homosexualidad griega es de tipo militar y guarda semejanza con los antiguos ritos paganos y, más cercano a nuestros tiempos, con las juventudes hitlerianas. La «amistad» varonil es una constante en las sociedades guerreras. La propensión a descalificar lo femenino, exaltar un ideal masculino basado en la fuerza y el valor, y la fidelidad al compañero y al superior.
Ese «amor», según escritos de la época, tiene como característica la de ser «activamente educador». La esencia de la pederastia no radica en las relaciones pasivas que despiertan desprecio entre los griegos, sino que es, ante todo, una «virilidad total». Lo distinguen del deseo sexual (incluso se lo opone) e implica el anhelo de lograr una «perfección superior, un valor ideal». Sobre el mayor, ejerce efectos ennoblecedores el hecho de saberse admirado y tomado como modelo; aunque el aspecto educativo de la relación amorosa afecta, sobre todo al menor, al adolescente.
Las orgías romanas que llegaron a dimensiones monstruosas durante ciertos períodos de su historia imperial son los frutos de este tipo de sociedades.
Esta degeneración de la sexualidad y las relaciones humanas características de la mayoría de las culturas paganas, en donde se distorsiona la concepción del amor y de la familia, termina finalmente por destruirlas.

La iniciación al mal
Eugen Relgis escribe que Ricardo Wagner, muy apreciado, como es sabido, por Hitler y su camarilla se expresa resueltamente en su libro «Obra de arte del Porvenir» acerca de «el valor pasional de las relaciones homosexuales en ciertos grupos». Desprecia las amistades «epistolares-literarias» interesadas y prosaicas, alabando por el contrario el amor basado en los «nobles placeres sensuales-espirituales» y que constituían entre los espartanos «la única educación de la juventud». Este amor vigoroso reglamentaba los placeres y las diversiones públicas, estimulaba las acciones audaces. Las asociaciones masculinas de camaradería amorosa eran reunidas en unidades de combatientes cuya ley suprema «espiritual» era el desprecio de la muerte «para socorrer al amado en peligro o vengarlo si mordía el polvo».
Juramento de las SS: «Yo te juro, Adolf Hitler, Führer y Canciller del Reich, fidelidad y valor. Prometo obediencia hasta la muerte a ti y a los superiores por ti designados».
De las cuatro escuelas SS sólo una era militar, mientras que las otras se dedicaban exclusivamente a la formación «política, mística y espiritual». En 1934 las Secciones de Asalto y la guardia personal de Hitler se entreasesinaron como consecuencia de la difamación de vicios y depravaciones.

El marketing de la conquista
Las conquistas del Imperio greco-romano se llevaban a cabo en su mayor parte por la fuerza y en ocasiones con la más extrema brutalidad. Asimilaban a los pueblos conquistados incorporando sus cultos paganos. Así crearon un sincretismo de idolatría con el propósito de integrar rápidamente a los pueblos conquistados.
Siguiendo esa misma filosofía el Imperio Romano tomó los objetivos de la tradición escrita de Israel pero «ignoró» el sistema para implementarlos: la tradición oral del pueblo judío. Israel en ese entonces, a lo largo de toda la historia y al igual que hoy no se doblegó.
La judeofobia que surge y resurge a través de la historia, sea en la antigüedad, en la Inquisición, en los Progroms, en la Alemania nazi o en una Europa amedrentada por el terror del fundamentalismo islámico, es producto de quienes inmersos en el vacío espiritual revisten su ignorancia en versiones actualizadas de la idolatría y del paganismo.
El Pueblo de Israel, contrariamente a esas culturas que con tal de expandirse a cualquier costo con el objetivo de ganar prosélitos entre los pueblos del mundo promueven el libertinaje que esclaviza a los seres humanos, se aferró a Principios Objetivos Universales -la Torá– superando así el sincretismo pagano e idólatra al cual la debilidad humana es proclive.

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