HALEL
El alma en el relato de la Torá
Shemot
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18) Vaiakel – Pikudei «El amor y la mente»

Una nube cubría el Mishkán-Tabernáculo filtrando la Luz Espiritual que le llegaba. Cada elevación de la nube indicaba que Israel debía continuar su viaje.
El Mishkán representa nuestro corazón y la Luz que lo vivifica los pensamientos provenientes de la Mente Universal: Ha Kadósh Barúj Hú.
La Torá nos relata que el corazón es el lugar donde podemos revelar más intensamente nuestro potencia espiritual.
Cada vez que la nube se elevaba una nueva Luz era percibida, un nuevo desafío. La nube simboliza el discernimiento que posee el potencial de armonizar nuestro corazón con la Mente Universal.
La Kabalá nos dice que las diez sefirót son las envolturas que cubren la plenitud de la Luz Infinita con el objeto de que podamos recibirla. Cada sefirá manifiesta un grado general, un atributo de la Luz. Esto es similar a la luz del sol que es imposible mirar sin los lentes apropiados o la sabiduría que no es hermética sin los ejemplos didácticos que facilitan su comprensión.

El amor y la mente
El amor transforma nuestro sistema perceptivo. Lo que parecía totalmente racional es eclipsado por otra forma de conocimiento.
Una serie de tomografías mostraron que los cerebros de las madres jóvenes se encendieron de la misma manera cuando miraban a sus bebés que los cerebros de personas que observaban imágenes de quienes aman. La región activada es conocida como «sistema de recompensa».
Algunas partes del cerebro también se desconectaron en esos casos, y ése era el sistema que interviene en la creación de juicios negativos, dijo el equipo de University College London (UCL).
El amor activa un mecanismo que obvia cierta información dándonos acceso a otra forma de conocimiento.
El amor maternal como el romántico son experiencias esenciales como la perpetuación de la especie que trascienden el dominio de la razón y como consecuencia activan ciertos potenciales que en otras situaciones permanecen inactivos. Eso explica el poder del amor para motivar, alegrar y generar optimismo.

Kabalá la ciencia del alma
Así como el lenguaje de la física y la química nos da el conocimiento de la forma en que la energía activa al mundo material, así el lenguaje de la Kabalá nos abre el acceso a la conciencia de la forma en que la energía espiritual activa la mente y el corazón. De la misma forma que hay un orden de causa consecuencia en las leyes naturales y en todos los fenómenos aprehensibles por los sentidos también hay un orden superior inteligible espiritual basado en principios objetivos.
Cuando el hombre des-cubre una ley accede a un código que le proporciona los elementos y el orden de cómo definir y reproducir un fenómeno.
La base del lenguaje kabalístico son la sefirót. Cada sefirá representa el potencial humano de implementar la energía vital.

Mente y corazón
Egoísmo, indiferencia e ingenuidad son señales de que la energía espiritual fluye incorrectamente. Altruismo, señala su correcto fluir.
La mente y el corazón son los dos polos que activan el fluir de la energía espiritual en el ámbito humano. En el lenguaje kabalístico esa energía se denomina OR (Luz)
El egoísmo surge cuando la mente anula al corazón. Así se justifican todos los deseos personales sin considerar las consecuencias que éstos generen. La energía se concentra en la mente y el corazón no recibe su vitalidad.
La indiferencia surge cuando la mente y el corazón se anulan mutuamente. La falta de incentivos induce a la pasividad y de esa forma las personas no «vibran» y por lo tanto le es difícil identificarse con ideales.
La ingenuidad surge cuando el corazón anula a la mente.
La buenas intenciones del corazón no son suficientes, precisamos discernir en base a Principios Superiores, Universales y Objetivos para implementar la justicia y alcanzar la verdad.
Egoísmo, indiferencia e ingenuidad indican tres tipos de carencias en la conducta, las emociones y en la forma de discernir.
El Altruismo surge cuando la mente y el corazón vibran en armonía. Altruismo señala el máximo nivel de conciencia que surge cuando actuamos a partir de Principios Superiores, Universales y Objetivos, y no simplemente de acuerdo a estados emocionales y/o criterios parciales que carecen del alcance para discernir las diferentes situaciones existenciales.

Nuestra original forma de ser
El egoísmo manifestado como mal, indirectamente como indiferencia o desapercibido en la ingenuidad de las buenas intenciones, parece más «natural» y «espontáneo» siendo que induce a los hombres a actuar de acuerdo «a lo que sienten». El Altruista, en cambio, debe pensar en la consecuencia de sus actos. En ese contexto el judaísmo no es «natural» ni «espontáneo» pues cada acto que el hombre realiza debe ser el resultado de un proceso de evaluación de la realidad para prever la consecuencia que nuestros actos van a generar. Ese proceso espiritual se denomina en el lenguaje espiritual judío, mitzvá.
Cuando la Torá califica a la codicia, al robo, al asesinato, etc. como inaceptables se convierte en una fuerza civilizadora. Los diez postulados y todas las mitzvót necesarias para implementarlos son los desafíos para que el hombre alcance el altruismo: nuestra esencia y original forma de ser.

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