HALEL
El alma en el relato de la Torá
Shemot
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13) Vaerá «¿Cómo alcanzar la libertad?»

Todos los diálogos y las situaciones que la Torá nos relata son una analogía de nuestras reflexiones interiores cuando tomamos conciencia del propósito de la vida y asumimos conscientemente liberarnos de la verdadera esclavitud: el egoísmo.
Moshé y Aarón, la mente superior y la emoción positiva, intentan disuadir a Paró, el faraón egipcio, el egoísmo, para que libere a Israel, el deseo del alma por alcanzar la plenitud.

¿Qué significa libertad?
Para dilucidar este interrogante es imprescindible comprender ¿qué es y cómo funciona la Creación?
La Creación es la manifestación finita de una Energía Infinita.
Rabí Moshé Jaím Luzzatto, conocido como el Ramajal, nos explica que tanto en la Creación del mundo como en su conducción HaKadósh Barúj Hú no manifiesta su Energía Infinita sino que actúa como los seres humanos que hacen las cosas gradualmente. Si aplicase todo su poder no podríamos captar ninguna de sus acciones, mientras que el accionar gradual nos permite captarlas. Ello es a lo que se refiere el libro Etz Jaím al expresar que «El Infinito contrajo Su luz», o sea que no actuó con toda su potencialidad en la Creación sino en forma medida. La Energía Infinita puede revelarse de dos formas: manifestando todo su potencial o gradualmente. HaKadósh Baúj Hú creó el mundo mediante la medida, entonces graduó su potencial infinito lo cual generó etapas y medidas a partir de lo cual podemos conocer y conocerLo estableciendo relaciones lógicas de causa y consecuencia.

La Creación y el alma
El alma es anterior a la Creación pertenece al ámbito de lo Infinito; el cuerpo, en cambio, es el resultado de la Creación. El cuerpo en sí mismo nunca podrá ser libre ya que está circunscripto a lo finito, existe dentro de los límites tiempo-espacio y así como todo lo que se encuentra en los dominios de la naturaleza finalmente deberá morir. El alma, en cambio, pertenece a un mundo infinito, no conoce límites. La libertad surge cuando desde lo finito alcanzamos lo infinito.

Trascendiendo nuestras ilusiones
Los israelíes nos llamamos ivrím – hebreos que proviene del verbo laavor -pasar por sobre ¿Pasar por encima de qué?: de nuestras ilusiones y así percibir la realidad en forma objetiva dejando de justificar nuestras debilidades e instintos egoístas que nos esclavizan al ámbito material-sensorial, lo que muere, lo finito. Libertad se logra educando, o sea explicando correctamente el propósito de la vida y la forma de alcanzarlo. Paró, el nombre del faraón egipcio que nos mantenía esclavos, significa boca mala, la que habla calumnia que sólo percibe lo negativo. La educación que debemos implementar es aquella que activa el potencial de salir de las propias limitaciones, la liberación de la causa de toda esclavitud: el egoísmo.

Aprendiendo a ser libres
La verdadera libertad surge cuando superamos las tres formas básicas en que el egoísmo puede manifestarse: la frialdad, la indiferencia y la ingenuidad que se reviste de buenas intenciones carentes de conocimiento de los Principios Superiores. Estos tres ámbitos indican tres tipos de carencias en la conducta, las emociones y en la forma de discernir. El altruismo, en cambio, señala el esfuerzo en alcanzar la justicia que surge cuando actuamos a partir de Principios Superiores, Universales y Objetivos, y no simplemente de acuerdo a criterios parciales que carecen del alcance para discernir las diferentes situaciones existenciales.

Tiranía y democracia
Cuando el hombre desconoce la esencia humana puede llegar a producir sistemas legales a partir de sus ideas personales del bien y del mal. Basados en esta percepción subjetiva surgieron tiranos que justificando sus ansias de dominio estandarizaron el crimen. Paró (el faraón egipcio) señala el arquetipo de esa tendencia que esclaviza a los seres humanos.
Así surgen ideologías fundamentalistas, sean de tinte político, nacionalista o religioso, basadas en «líderes» que ignorando el propósito de la vida forjan el más cruel despotismo en nombre de la fraternidad.
El antídoto para evitar la aparición de estos regímenes emana de una sociedad educada a sobreponerse a toda forma de egoísmo. El mejor de los sistemas socio-político-económico está destinado a fracasar mientras los hombres sean egoístas y el peor sistema tendrá éxito si el hombre es bondadoso.
¿Cuántos tiranos asumieron el poder a través de regímenes democráticos?
La educación altruista debe ser nuestra prioridad ya que de ella depende que la sociedad logre el discernimiento para elegir correctamente a sus lideres.
La justicia no puede basarse en el poder sino que necesita una idea trascendente del bien.

El desafío de siempre
A lo largo de la historia humana se ha repetido el mismo error: buscar las culpas en el otro. Así siempre encontramos la perfecta excusa para «liberarnos» de toda responsabilidad. Pero esa no es la justicia y la libertad que la Torá nos enseña.
El egoísmo, la fuente de todos los sufrimientos, es la forma que adopta nuestra conciencia cuando ignoramos nuestra Esencia -nuestra chispa de HaKadósh Barúj Hú– y es «quien» puede esclavizarnos. En cambio, cuando el hombre se desarrolla espiritualmente y logra sobreponerse a los deseos egoístas, entonces ya no será cautivado por ellos, así comienza a surgir la verdadera libertad: el altruismo.
El desafío permanente en generar el Bien nos mantiene en constante crecimiento. Así activamos todo nuestro potencial y tomamos conciencia de la Fuerza Infinita que existe en cada ser humano creado a Su imagen y semejanza. Ese objetivo es el único que puede darle un sentido trascendente a nuestra vida.
El propósito de la Creación es que superemos el mal, la indeferencia y la ingenuidad, lo que nos separa de nuestro prójimo y de nuestra máxima identidad y Ser. La finalidad del mundo la aprehendemos cuando nos descubrimos como parte de una y única realidad con un objetivo común: el bien de todos. Entonces se revela el objetivo: La Armonía Universal.

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