HALEL
Bereshit
El alma en el relato de la Torá
+100%-

11) Vaigash «Más allá de nosotros mismos»

« Del mismo modo que los animales invertebrados se esconden en su caparazón así los seres humanos construimos a veces cáscaras con nuestros miedos e inseguridades para -protegernos- de lo que escapa a nuestro dominio »

En la parashá anterior vimos como Ioséf es vendido por sus hermanos como esclavo. Ioséf se transforma en el Virrey del Faraón. La falta de alimento conduce a sus hermanos a Egipto. Ioséf los reconoce y en lugar de guardar rencor y odio por lo que le hicieron se da a conocer y les dice: Yo soy Ioséf, vuestro hermano, el que vendiste a Egipto. No se enojen con ustedes mismos por haberme vendido, ya que fue el Kadósh Barúj Hú que me envió para preservar la vida y preparar la continuidad.

¿De dónde saca Ioséf la fuerza para perdonar, para ver más allá de sí mismo?

Razonamiento analógico
El macro así como el microcosmos se presentan ante nuestra percepción como un mecanismo preciso cuyos principios, a lo largo de la historia, los seres humanos continuamos develando. Los científicos saben que hay un orden que rige al universo –leyes físicas, biológicas, principios de conducta, etc.- y que aunque sólo conozcan una parte ínfima de su funcionamiento, siguiendo razonamientos analógicos, la ciencia continúa desarrollándose. El ser humano percibe orden donde capta la relación causa-consecuencia. Donde no percibimos o intuimos que hay un orden, esa realidad pasa a la categoría de caos. Caos es nuestra relación inconsciente con el orden. O sea el desconocimiento de los principios de causa-consecuencia que rigen los aspectos que ignoramos del orden. Un lego en mecánica, ante los cientos de piezas de un motor desarmado ve un caos, el especialista en cambio percibe un orden, un trabajo a realizar.

La estructura de la comprensión
Estamos estructurados de forma tal que no podemos funcionar sin un orden. Cuando las circunstancias que atravesamos escapan a nuestro control «no encajan en nuestros moldes» ya que no podemos percibir el orden que las rige, entonces sentimos una sensación de vacío e impotencia. Ante ello podemos adoptar diferentes actitudes: violencia, depresión, indiferencia o renovación. Depresión y violencia son dos caras de la misma moneda, ya que ante el vacío y la impotencia, sino nos esforzamos en encontrar una solución que nos armonice con la nueva realidad terminamos agrediendo o incubando un sentimiento de culpa. La indiferencia surge cuando reducimos la realidad a lo conocido, a «nuestro estándar». En este caso toda nueva situación que escapa a nuestros parámetros la forzamos a encajar en los esquemas conocidos, tendemos a «ajustar» todo y a todos a «nuestra medida». Así ocultamos nuestras carencias e inseguridades y nos justificamos al evadir las situaciones que nos desafían a desarrollarnos. Del mismo modo que los animales invertebrados se esconden en su caparazón así los seres humanos construimos a veces cáscaras con nuestros miedos e inseguridades para «protegernos» de lo que escapa a nuestro dominio. La renovación, en cambio, es la opción que activa todo nuestro potencial ya que debemos esforzarnos, a partir de lo que somos, en reestructurar nuestra forma de comprender e incorporar elementos que hasta ahora habíamos dejado de lado. Así como el cuerpo se renueva para seguir vivo, así nuestra vida emocional, mental y espiritual debe renovarse constantemente y des-cubrir aspectos que hasta ahora no habíamos tenido en cuenta. Sólo así logramos ampliar nuestra percepción y participar no sólo de la realidad en su manifestación material-sensorial, sino también de la emocional, mental y espiritual. Entonces nos conectamos con la vida en toda su dimensión.

La perspectiva humana
Orden y caos son determinados por la perspectiva humana. Como en el ejemplo del lego en mecánica anteriormente citado, así sucede tanto cuando percibimos un mecanismo simple o el universo en su totalidad. Orden y caos dependen de nuestra conciencia del objetivo y de la forma de alcanzarlo.
Estudiamos en la parashá Toldot que el alma posee cinco grados generales de conciencia y estos, a su vez, también generan cinco categorías de objetivos: los presentes, los inmediatos, los cercanos, los lejanos y los trascendentes. Cuando un objetivo se encuentra dentro del ámbito de lo presente, lo inmediato y lo cercano: el ámbito material-sensorial, su resolución es relativamente corta. Y cuando es alcanzado pierde su atractivo, nadie continúa deseando lo que ya consiguió, a menos que des-cubra su dimensión trascendente.
Cuando los seres humanos no poseen objetivos trascendentes, la realidad material-sensorial acapara su conciencia haciendo que olviden su verdadera identidad y el objetivo de su existencia. Entonces la conciencia humana comienza a recorrer un laberinto en torno a lo presente e inmediato, a la apariencia, olvidando «quién es» y el porqué de su existencia. La vida se transforma en un permanente reaccionar ante lo superfluo de lo que resulta una sociedad en la cual sus integrantes no se conocen a sí mismos y no conocen a su prójimo; ya que toda relación se basa en la imagen y en estímulos exteriores. De tal modo los verdaderos objetivos quedan opacados, la fuerza interior se diluye y el propósito de la existencia humana queda en el olvido.

Orden y caos, conciencia e inconciencia
El objetivo es el referente que ordena la realidad, cuanto más trascendente, más orden generará y el caos, por ende, se diluirá. Todos los aspectos que el objetivo no contempla quedan bajo la influencia del caos. Orden equivale a conciencia, caos a inconciencia. O sea que el caos no es sino lo que aun no percibimos del orden. Cuando nuestro orden se ve alterado por una manifestación caótica significa que nuestra percepción del orden es insuficiente. La realidad, nos enseña la Kabalá, es regida por un orden absoluto que el hombre va gradualmente des-cubriendo a medida que supera las formas en que el caos se manifiesta.
Aparentemente es el caos quien conquista la realidad ya que observamos muchas veces que perdemos la capacidad de generar orden. Sucede que el avance de la historia manifiesta cada vez más multiplicidad y detalles, más población, más tendencias, más objetos, más de todo, lo cual nos enfrenta, cada vez y con mayor intensidad, a revelar una conciencia superior del orden. La historia nos desafía a alcanzar el orden superior, el único capaz de revelar la armonía que nuestra percepción caótica oculta. El caos es lo que denominamos mal, el desafío consiste en des-cubrir el bien absoluto, el único capaz de activar todo nuestro potencial y revelar el orden superior. Como lo expresa el profeta Ishaiau: No harán daño ni destruirán en todo Mi Santo Monte, porque la tierra estará llena del conocimiento del Kadósh Barúj Hú como las aguas cubren el mar.
Las aguas-el bien-la Luz llenan la realidad sólo cuando comenzamos a percibir desde el «Santo Monte», desde el orden superior.

Más allá del sí
Ioséf comprende que lo trascendente, la Vida en toda su dimensión, está más allá de lo que él pueda sentir personalmente, de su orgullo. Esa forma de percibir la realidad es la que le permitió armonizar lo presente con lo trascendente y reunir nuevamente a su familia quienes se transforman en la nación de Israel. Así los auténticos Sabios, Profetas y Líderes de Israel protegen que no se distorsionen los objetivos trascendentes de Su pueblo: la armonía universal y la forma de lograrla, para que todo y todos, finalmente, podamos alcanzar la Luz, la conciencia del orden superior.

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top